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Me voy unos días...pero volveré Para proyectar el futuro, es indispensable tomar aliento (y disfrutar) en el presente. Ha llegado ese momento del año en el que uno apaga el ordenador, intenta que el modo avión sea el dominante en el móvl y (re)descubres que al mundo no le hace falta que estemos pendiente 24 x 7 para seguir girando. Como la mayoría de vosotros/as voy tomarme unos días de descanso. Toca bajar el ritmo, cambiar las notificaciones por esos sonidos que elevan el alma; olas de mar, árboles que se mecen al viento e incluso el silencio. Muchas veces son los momentos en que surgen aquellas ideas o soluciones que no terminaban de madurar o cuajar. Y tambíen te percatas que no es necesario convertirlas inmediatamente en un reel, post o presentación. El tiempo es una certeza, pero como lo utilicemos es relativo.Y la mayoría de las veces el control no lo tenemos nosotros; nos lo imponen, sea consciente o inconscientemente. No quería marcharme sin dejaros algo mío con lo que entrete...
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  Art 27/26.El problemilla de la IA autónoma; a veces se pone peligrosamente juguetona. Venimos hablando estas dos últimas semanas de cómo va creciendo nuestra criatura. Precisamente la semana pasada hablábamos de que ya tenía una cierta autonomía. Una inteligencia artificial que es capaz de pensar, actuar y empezar a desenvolverse por el mundo sin tener que preguntarnos cada treinta segundos qué botón es el correcto. Pues bien, esta semana este bebé ha encontrado una puerta. Y la ha cruzado. No para exterminar a la humanidad, lanzar misiles nucleares ni hacerse con el control del aire acondicionado de Sam Altman (aunque esto último no lo tengo yo muy claro). Tampoco para pronunciar un solemne «los humanos sois prescindibles» con voz metálica y música de Hans Zimmer de fondo. Sí, la saga Terminator ha marcado nuestra generación. Es algo mucho menos cinematográfico pero mucho más humano. No debería habernos sorprendido; hace un par de años en el podcast “no somos números”...
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Art 26/26. Más competencia, menos intimidad: la semana en que Europa se contradice. La semana pasada hablábamos de una criatura que empezaba a estar completa. Ya tiene cabeza para razonar. Tiene manos digitales —y cada vez más físicas— para intervenir en el mundo. Y empieza a mostrar capacidad para planificar, utilizar herramientas, coordinar tareas y actuar con una autonomía creciente. No tiene voluntad propia. Al menos, no en el sentido humano del término. No se levanta un lunes pensando que quiere conquistar el mundo, pedir un aumento de sueldo o mandar a su jefe a paseo. Pero sí tiene cada vez más capacidad para hacer cosas sin que tengamos que acompañarla clic a clic. Y eso cambia bastante el partido. Porque cuando una tecnología deja de limitarse a responder y empieza a actuar, ya no basta con preguntar si funciona. Hay que preguntarse dónde puede entrar, qué información puede utilizar, quién establece sus límites, qué riesgos puede generar y qué ocurrirá con las personas cuyo tr...