viernes, 29 de mayo de 2026


 

Art 19/26. El Vaticano entra en el debate: la institución más antigua mira de frente a la tecnología más nueva

Durante estos últimos años hemos hablado de la inteligencia artificial como si fuera una carrera de Fórmula 1: más potencia, más velocidad, más modelos, más agentes, más automatización, más productividad. A tope siempre. Todo muy Silicon Valley. Todo muy “vamos a cambiar el mundo”, que suele ser la forma elegante de decir “vamos a cambiarlo todo antes de preguntarle a nadie si lo podemos hacer”.

Y entonces llega el Vaticano.

Sí, el Vaticano. La institución que lleva dos mil años viendo pasar imperios, revoluciones, pestes, imprentas, locomotoras, bombas atómicas, redes sociales y gurús con camisetas de colores. Y decide entrar en el debate con una encíclica centrada en la protección de la persona en la era algorítmica; algo que, por cierto, llevamos tiempo defendiendo algunos/as.

La encíclica, Magnifica Humanitas, no es un paper técnico. No viene a explicar cómo se entrena un modelo o cómo se despliega un agente autónomo en una arquitectura empresarial. Juega en una liga mucho más incómoda: la de las preguntas que nadie quiere o puede responder:

  • ¿Quién manda realmente sobre la tecnología?
  • ¿A quién sirve la inteligencia artificial?
  • ¿Qué pasa con el trabajo, la dignidad y la desigualdad cuando las decisiones las toman sistemas que pocos entienden y casi nadie controla?
  • Y, teniendo en cuenta todo esto; ¿qué ocurre cuando confundimos innovación con poder?

No es una encíclica contra la IA; es una encíclica contra la borrachera de poder

Conviene decirlo de partida: el mensaje no es “la IA es mala”. Ese sería un titular facilón, pero pobre. El núcleo del texto es mucho más fino: la tecnología puede ser una herramienta extraordinaria si se pone al servicio de la persona, pero se convierte en una maquinaria de exclusión si queda atrapada en lógicas de dominación económica o política.

Hay una palabra clave. Y es desarme.

Y aquí empieza lo interesante. Porque “desarmar la IA” no significa apagar los servidores. Ni volver a la máquina de escribir con canto gregoriano de fondo. Significa quitarle su carga de dominación. Significa impedir que se use para vigilar más, decidir con menos humanidad o convertir a los profesionales en meros y simples datos procesables.

El Vaticano está diciendo algo que muchas empresas deberían tener en un marco gigante en la sala donde aprueban sus comités: no toda eficiencia es progreso.

Y aquí resuena una frase citada  frecuentemente en la Fundación Bancaria "la Caixa": solo es progreso si progresamos todos.

Reducir tiempos es positivo y automatizar tareas repetitivas libera talento. Pero cuando la IA se usa para opacar decisiones, precarizar posiciones o esconder responsabilidades bajo la coartada de “lo ha dicho el algoritmo”, entonces ya no hablamos de innovación. Hablamos de poder.

Rerum Novarum 2.0: del obrero industrial al trabajador algorítmico

La conexión histórica con la encíclica Rerum Novarum de 1891 no es decorativa; es estratégica. Si entonces León XIII abordó la cuestión social provocada por la revolución industrial (fábricas, turnos y capital), hoy la pregunta vuelve con otro envoltorio: plataformas, datos, modelos, optimización y scoring algorítmico.

El fondo es el mismo: cuando una tecnología transforma el sistema productivo, la gran pregunta no es cuánto produce, sino qué tipo de sociedad está generando.

En el ámbito de la gestión de personas, el talento y el aprendizaje, esto es especialmente sensible. La IA está entrando de lleno en selección, evaluación, reskilling y clima laboral. Ahí la frontera ética es muy concreta:

  • Una IA puede ayudar a detectar necesidades de aprendizaje, pero también puede encasillar a un profesional para siempre.
  • Puede recomendar itinerarios formativos, pero también puede reducir una carrera a una predicción estadística.
  • Puede apoyar procesos de selección, pero también puede amplificar sesgos históricos sin complejos y con una eficacia quirúrgica.

La pregunta, por tanto, no es si usamos IA. La pregunta es con qué criterios, con qué controles, con qué transparencia y con qué visión de la persona.

Silicon Valley se incomoda cuando le preguntan por el alma de este invento

Parte del ruido generado viene de ahí. A determinados sectores tecnológicos les molesta que instituciones ajenas opinen sobre tecnología. Como si la IA fuera un asunto exclusivo de ingenieros e inversores.

Pero ese argumento ya no se sostiene. La IA no es solo un software; es más que eso, ya es una infraestructura social. Afecta a la educación, al trabajo, a la información y a la democracia. Dejar su regulación exclusivamente en manos de quienes la construyen o la monetizan sería como dejar la regulación del tabaco en manos de las tabacaleras porque "ellas entienden mejor el producto".

La IA necesita técnica, claro, pero también necesita derecho, ética, filosofía, sociología y, sobre todo, conversación pública. Necesita instituciones capaces de frenar la inercia y preguntar: “Un momento, de todo esto que llamáis progreso, ¿quién se está quedando fuera?”

La innovación sin humanismo acaba siendo una trituradora de nuestros valores

El riesgo más inmediato de la IA corporativa no es que las máquinas “despierten” como en una película distópica de Hollywood. El riesgo real es que personas muy despiertas usen máquinas muy potentes para concentrar poder y presentar como neutral lo que en realidad es una decisión económica o laboral.

Cuando una empresa incorpora IA, incorpora también una forma de mirar el trabajo. Y esa mirada puede ser de dos tipos:

  • Una mirada humanista: ¿Qué capacidades humanas queremos potenciar? ¿Qué decisiones no deben delegarse jamás? ¿Cómo explicamos los criterios de un sistema que afecta a la vida de un profesional?
  • Una mirada extractiva: ¿Cuánto podemos recortar? ¿Cuánto podemos vigilar? ¿Cuánto poder podemos concentrar bajo la etiqueta de la transformación digital?

Ahí radica la diferencia entre una organización que usa la tecnología para evolucionar y otra que la usa para ponerse una armadura tecnológica encima de las viejas y malas prácticas de siempre.

Lo importante en el aprendizaje corporativo: criterio frente al ruido

Para quienes trabajamos en el desarrollo de las personas, este texto toca una fibra esencial. El discurso dominante habla mucho de productividad y poco de sentido; mucho de automatización y poco de confianza. Pero una organización no se transforma solo por implantar licencias de copilotos o agentes artificiales. Se transforma cuando cambia su manera de aprender y decidir.

En la formación corporativa, la IA es una palanca extraordinaria para personalizar contenidos y acelerar el acceso al conocimiento experto. Pero el peligro real es llenar las organizaciones de cursos automáticos sin alma, recomendaciones opacas y contenidos producidos en serie que parecen formación, pero solo son ruido con cierta apariencia pedagógica, pero más falsos que un euro de madera.

La clave de los próximos meses no será cuánta IA metemos en los planes de desarrollo. Será qué aprendizaje humano queremos proteger y amplificar con ella. Los equipos de aprendizaje y talento tienen aquí una responsabilidad enorme: no son departamentos de soporte, son los encargados de traducir la tecnología en cultura.

Hablar de humanismo en tiempos de IA no es nostalgia; es estrategia

Uno de los errores más habituales es presentar el humanismo como una postura romántica, defensiva o antitecnológica. Y es justo al revés.

En un mercado donde la tecnología ya es una commodity y cualquiera podrá comprar la misma capacidad de cómputo, la verdadera ventaja competitiva no estará en tener IA, estará en tener los mejores criterios para usarla.

Las organizaciones que generen confianza adoptarán mejor la tecnología. Las que protejan la dignidad y la transparencia sufrirán menos rechazo, menos riesgo reputacional y más legitimidad. La IA no necesita menos ambición; necesita mejor dirección.

Conclusión: el futuro no necesita menos IA, necesita más sentido común

La entrada del Vaticano en este tablero no es una rareza religiosa ni una anécdota mediática; es una señal de época. Cuando una transformación obliga a intervenir a todas las esferas de la sociedad, es que estamos ante un cambio civilizatorio.

La encíclica que tomo como base no tiene todas las respuestas, eso es obvio. Pero nos obliga a hacernos la pregunta adecuada en nuestras organizaciones: ¿Estamos usando la inteligencia artificial para hacer más humana la organización, o solo para hacerla más eficiente a costa de la humanidad?

La frontera real ya no divide a tecnófilos de tecnófobos, ni a Silicon Valley del Vaticano. La frontera real divide a quienes entienden la IA como una herramienta al servicio de la dignidad humana de quienes la ven como el último gran acelerador de poder.

Y esa conversación ya no puede esperar.

Fuentes

  1. Vaticano — Texto íntegro de la encíclica Magnifica Humanitas (León XIV, 15 de mayo de 2026): https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html
  2. CNN en Español — El papa León XIV advierte sobre la IA en su primer gran documento teológico (25 de mayo de 2026): https://cnnespanol.cnn.com/2026/05/25/mundo/papa-leon-xiv-enciclica-inteligencia-artificial-trax
  3. Infobae — El papa León XIV publicó la encíclica Magnifica Humanitas y pidió que la inteligencia artificial "no domine al ser humano" (25 de mayo de 2026): https://www.infobae.com/america/mundo/2026/05/25/el-papa-leon-xiv-publico-la-enciclica-magnifica-humanitas-y-pidio-que-la-inteligencia-artificial-no-domine-al-ser-humano/
  4. ADN Celam — "La cuestión tecnológica es una cuestión humana": Vaticano presenta Magnifica Humanitas (27 de mayo de 2026): https://adn.celam.org/la-cuestion-tecnologica-es-una-cuestion-humana-vaticano-presenta-magnifica-humanitas-la-enciclica-sobre-inteligencia-artificial-y-dignidad-humana/
  5. ONU / UNCTAD vía Excélsior — ¿La IA aumentará la desigualdad global? Esto dice la ONU: https://www.excelsior.com.mx/tecnologia/ia-aumentara-desigualdad-global-esto-dice-onu
  6. Prevención Integral — Informe 2026: Impacto de la Inteligencia Artificial en las habilidades laborales y el trabajo (World Economic Forum / FMI / OCDE): https://www.prevencionintegral.com/actualidad/noticias/2026/03/16/informe-2026-impacto-inteligencia-artificial-en-habilidades-laborales-trabajo
  7. El Economista — El algoritmo elige al hombre: la IA en la selección de personal perpetúa la brecha de género en el empleo (marzo de 2026): https://www.eleconomista.es/economia/noticias/13804520/03/26/el-algoritmo-elige-al-hombre-la-ia-en-la-seleccion-de-personal-perpetua-la-brecha-de-genero-en-el-empleo.html
  8. Smart Factory Magazine — 6 tendencias que darán forma a la gobernanza de la IA en 2026: https://www.smartfactorymagazine.es/es/noticia/6-tendencias-que-daran-forma-a-la-gobernanza-de-la-ia-en-2026






domingo, 24 de mayo de 2026

 


Art 18/26. El aprendizaje en el puesto de trabajo: Una necesidad urgente (a no ser que quieras ponerle IA al mismo caos de siempre)


Hubo un tiempo, algunos/as ya ni se acuerdan, en que todo iba más despacio. Acababas la carrera—ni falta que hacía un máster—, entrabas en una gran compañía y ya está, a cotizar cada mes. Te actualizabas, sí, pero muy de tanto en tanto: cuando cambiaba un proceso o traían una máquina nueva. Vivimos muchos años instalados en esa comodidad simplona. Si tenías un poco de suerte, algo de carisma y mucha labia, la alfombra roja profesional se desplegaba sola.

Pero eso ya pasó. Y, seamos sinceros, quizá nunca fue del todo verdad.
Hoy, terminar los estudios, encadenar másteres y hablar tres idiomas no te habilita para crecer de forma automática. Te habilita, con suerte, para que te dejen entrar a jugar la partida. sin embargo, muchos profesionales aún siguen creyendo que un título es una especie de vacuna permanente contra la obsolescencia. Pero ya os anticipo : el título caduca, la experiencia también y la expertise, si no la actualizas, acaba oliendo a armario cerrado sin polil.

En el entorno actual donde la inteligencia artificial, la regulación constante, los nuevos modelos de negocio y las expectativas del cliente cambian a velocidad de vértigo, aprender ya no es una actividad puntual, solemne y desconectada del día a día. El aprendizaje tiene que ocurrir dentro del flujo de trabajo: pegado al problema, al cliente, al error, a la duda y a la decisión. Josh Bersin lo define con claridad: el aprendizaje en el flujo de trabajo es el que llega "cuando se necesita", integrado en tus herramientas y plataformas reales, no como una excursión formativa de la que vuelves con tres bolígrafos de propaganda y cero soluciones.

Del "me apunto a un curso" al "necesito resolver esto ahora"

La formación corporativa ya no puede limitarse a "despachar cursos" para cumplir el expediente. Eso era la versión de los noventa: catálogo, matrícula, curso, check verde y todos contentos. Bueno, todos no. El negocio seguía esperando resultados, el profesional seguía encallado con su problema y Recursos Humanos se quedaba midiendo la asistencia y el ratio de finalización como si eso fuera impacto real. Para sorpresa de pocos, algunos aún lo piensan.

El aprendizaje en el puesto de trabajo tiene una lógica radicalmente distinta. No arranca con la típica pregunta complaciente de "¿qué curso quieres hacer este año?", sino con una mucho más incómoda y útil: ¿qué necesitas resolver, mejorar o aprender para hacer mejor tu trabajo hoy mismo?

Ahí cambia todo. Porque una persona no siempre necesita un programa ejecutivo estructurado. Hablamos de adaptar la metodologia a la necesidad.

  • A veces necesita una guía rápida de dos minutos.

  • A veces necesita tomarse un café con el compañero que ya ha solucionado ese marrón tres veces.

  • A veces necesita un asistente de IA contextual que le aclare un procedimiento interno en segundos.

  • Y a veces, claro, necesita que su manager le mire a los ojos y le diga: "Mira, esto no lo dominas, y si quieres seguir jugando en esta liga, tienes que ponerte las pilas".

Voy a intentar explicarlo de manera sencilla. El reto de una estrategia de aprendizaje corporativa madura se basa en combinar dos cuestiones, en tener claras dos velocidades:

  • La velocidad de la necesidad inmediata: Resolver la duda operativa, la nueva normativa o la queja de ese cliente que plantea algo inédito. Todo en tiempo real. Aquí la formación es plug and play: disponible, breve, accionable y en el momento exacto.

  • La velocidad del desarrollo estratégico: Construir capacidades a medio y largo plazo. El upskilling y el reskilling de verdad. No se trata solo de apagar los fuegos del día; se trata de preparar a tu plantilla para puestos que aún no existen y herramientas que se están desarrollando ahora mismo.

El World Economic Forum, en su Future of Jobs Report, sitúa la IA, el big data, la resiliencia, la flexibilidad y el aprendizaje permanente en el epicentro de las capacidades críticas. Traducido al idioma de la cafetería que seguro tenéis en la oficina: quien no aprenda de forma continua, no es que se quede estancado; es que se está moviendo hacia atrás en una escalera mecánica.

La empresa no puede mirar desde la grada (El peligro del BLV)

Conviene no caer en otra trampa muy de los comités; cargarle toda la responsabilidad de la actualización al trabajador. El mantra corporativo de "sé dueño de tu propio desarrollo" suena de maravilla en las presentaciones, siempre y cuando la empresa no lo use como una traducción elegante de "Búscate La Vida" (el famoso BLV de toda la vida).

El aprendizaje continuo exige compromiso individual, eso es indiscutible. Pero necesita, por encima de todo, un ecosistema organizativo que ponga los medios, el tiempo, la tecnología y la cultura. Sin eso, el discurso de la empleabilidad se convierte en un banner bonito en la intranet. Ese banner que todo el mundo ignora.

Para que un ecosistema de aprendizaje funcione, debe sostenerse sobre tres pilares reales:

  • Estrategia conectada al negocio, no a las modas: No se trata de inundar tu plataforma de contenidos porque quedaba espectacular en la demo que te vendió una consultora externa por un pastizal. Comprar contenido al peso para "quitarse el marrón de encima" no es estrategia, es pereza. Debes identificar qué gaps críticos tienes y qué soluciones mueven la aguja del negocio.

  • Experiencia integrada en la trinchera diaria: La gente no tiene horas infinitas. Tiene clientes que presionan, incidencias, comités, objetivos trimestrales, cientos de mensajes en Teams y una vida fuera del trabajo que atender, aunque algunos cuadros de mando defienden o quieren ignorar lo contrario. Por tanto, gestiona el tiempo de tu gente con respeto: microaprendizaje cuando toque e itinerarios profundos solo cuando aporte valor real.

  • Red de apoyo humano (Esto es oro corporativo): Los mejores aprendizajes de tu empresa no están escondidos en un paquete SCORM de una carpeta compartida. Están en la cabeza de ese empleado veterano que resuelve incidencias que nadie ha documentado jamás. Los formadores internos (trainers), las comunidades de práctica y los foros son ese oro puro. Pero ojo: hablo de comunidades vivas, dinámicas y útiles; no de abrir un canal de Teams en el que entran tres personas, una saluda por error y otra pone un GIF.

Competencias: El mapa para no aprender a ciegas

El desarrollo por competencias te puede ayudar a dejar de disparar al aire. No es lo mismo lanzar un genérico "haced cursos de liderazgo" que mapear la realidad del talento en tres niveles claros:

  1. Aprendizaje necesario: Lo mínimo obligatorio para cumplir con dignidad tu función actual (normativa, procesos, técnica básica).

  2. Aprendizaje de mejora: El que cierra la distancia visible entre lo que tu puesto exige hoy y lo que tú dominas. No aprender por acumular, sino para rendir mejor.

  3. Aprendizaje de crecimiento: Upskilling y reskilling estratégico para la movilidad interna. En las grandes organizaciones, reconvertir el talento que ya tienes dentro es infinitamente más inteligente que salir al mercado exterior a golpe de talonario, como si en tu casa no hubiera profesionales brillantes capaces de evolucionar. Si esto pasa igual tienes que revisar otro departamento cercano... Aunque a veces, los egos de departamento y los sesgos lo compliquen todo.

McKinsey insiste de forma recurrente en que la planificación estratégica del talento en la era de la IA pasa por mapear los gaps futuros de capacidad y conectarlos directamente con la reconversión interna. Hablando en plata: antes de buscar fuera por puro reflejo, mira lo que tienes dentro, entiende qué les falta y dales la oportunidad de crecer.

La IA no sustituye la formación: La obliga a madurar

La Inteligencia Artificial añade una capa potentísima a este paisaje, pero conviene no ponerse estupendos. Implementar IA en formación no consiste en programar un chatbot con avatar simpático que te salude por las mañanas y te devuelva obviedades con una sonrisa algorítmica.

Si se usa bien, la IA es un acelerador brutal: personaliza itinerarios, detecta gaps de rendimiento de forma predictiva, genera simulaciones de práctica real y asiste al empleado en el segundo exacto de la duda. Si se usa mal, se queda en humo tecnológico.

Además, si estás en Europa, la alfabetización tecnológica ha dejado de ser un bonito voluntariado de fin de semana. El Artículo 4 del AI Act de la Unión Europea lo deja muy claro: los proveedores y usuarios profesionales de sistemas de IA tienen la obligación legal de tomar medidas para asegurar un nivel suficiente de alfabetización en IA entre su personal. Formar a tu plantilla en IA ya no es un capricho de empresa moderna; es una responsabilidad de cumplimiento normativo y legal.

Y aquí viene la derivada más importante: no basta con enseñar a usar la herramienta. Hay que enseñar a pensar con ella. A validar los datos, a entender los límites normativos, a proteger la privacidad y a saber cuándo la IA patina. No podemos permitir que la IA se convierta en una especie de "cuñado corporativo" que opina de todo con absoluta seguridad sin tener ni idea de lo que dice.

McKinsey señalaba en sus análisis sobre la adopción tecnológica que, aunque la inmensa mayoría de las corporaciones está invirtiendo presupuestos masivos en IA, solo una mínima fracción (en torno al 1%) se encuentra en un nivel de madurez operativa real. Comprar licencias es insultantemente fácil. Cambiar la cultura, los procesos de toma de decisiones y la forma en que aprende la organización es donde se juega la verdadera partida.

Diseñar bien para no improvisar

El peor error de un líder es confundir el aprendizaje en el puesto de trabajo con un perezoso "bueno, ya irás aprendiendo sobre la marcha". Eso no es desarrollo; eso es abandono y un uso negligente del citado BLV.

Aprender sobre el terreno requiere un diseño riguroso. Implica mapear los momentos críticos del flujo diario, prever los errores recurrentes y estructurar apoyos ágiles. Si quieres saber si tu organización está lista para esta transformación, hazte estas cinco preguntas sencillas:

  1. ¿Qué necesita resolver la persona en su puesto ahora mismo?

  2. ¿Qué competencias debe construir a medio plazo para seguir siendo relevante?

  3. ¿Qué red de apoyo humano (compañeros, mentores) tiene a su alcance?

  4. ¿Qué tecnología la acompaña de forma contextual en su flujo diario?

  5. ¿Cómo medimos, con datos reales, que su desempeño ha mejorado?

Esta última pregunta es la que suele levantar ampollas en los comités. Medir horas de visualización de vídeos o encuestas de satisfacción de "qué bien nos lo hemos pasado en el curso" es cómodo, pero sirve para poco. El impacto real se mide en la reducción de errores, el aumento de autonomía, la agilidad de adaptación y la capacidad de asumir nuevas responsabilidades.

Como bien destaca LinkedIn Learning en sus informes globales de aprendizaje, el progreso y la movilidad profesional son los motores que realmente empujan a un profesional a querer formarse. La formación en las organizaciones no compite únicamente contra la falta de tiempo; compite de forma directa contra la falta de sentido. Cuando el empleado entiende el "para qué", la energía del ecosistema cambia por completo.

El manager también juega (Aunque a veces intente esconderse)

Terminemos con uno de los puntos más delicados de la organización: el equipo directivo y los managers intermedios. Un modelo de aprendizaje en el puesto de trabajo jamás funcionará si se diseña como una isla gestionada en exclusiva por el equipo de formación.

Si el manager directo no acompaña, no pregunta, no libera tiempo real, no da feedback y no conecta ese aprendizaje con la evaluación del desempeño, la maquinaria gripa. El manager está a pie de trinchera. Es quien debería detectar la necesidad y legítimar que aprender es parte del trabajo diario, no algo residual que se hace "cuando tengas un rato".

Esa frase, "cuando tengas un rato", debería estar terminantemente prohibida en los códigos de conducta corporativos. Ningunea la imporancia del aprendizaje y banaliza el tiempo. Nadie tiene un rato. Los ratos no existen en las agendas de las grandes empresas. El tiempo para aprender se diseña, se protege, se dota de recursos y se valora estratégicamente. Si no es así, tu formación corporativa no es más que animación sociocultural ejecutada a través de un LMS.

Conclusión: Aprender o sentarse a ver cómo te adelantan

Aprender en el puesto de trabajo no es una tendencia pasajera de recursos humanos. Es la respuesta obligada a un mercado donde las competencias caducan antes que los organigramas y la IA redefine tareas de la noche a la mañana.

Tu carrera ya no se sostiene sobre lo que estudiaste antes de cruzar la puerta de la empresa por primera vez. Se edifica sobre tu capacidad para seguir absorbiendo conocimiento en el día a día, respaldado por una organización que te proporciona herramientas útiles, datos fiables, comunidades vivas y una brújula de competencias real.

La pregunta ya no es si los profesionales tienen que actualizarse; eso ha quedado claro. La pregunta incómoda es si las empresas van a ser capaces de estructurar las condiciones para que ese aprendizaje ocurra de verdad.

El resumen del resumen, desprovisto de toda diplomacia corporativa: en el nuevo ecosistema laboral, el profesional que no aprende de forma continua no es que se mantenga estable; es que se está oxidando. Quien crea que con el título colgado en la pared, los logros del pasado y los cuatro cursos obligatorios de prevención de riesgos ya ha cumplido, está jugando a la ruleta rusa con su empleabilidad. Está empeñado en conservar una reliquia en el trastero que ya no sirve para nada. Y ya sabemos que pasa con los trastos inservibles cuando se hace limpieza.

Hoy por hoy, el diseño estratégico del aprendizaje en el puesto de trabajo es la única línea divisoria entre una organización inteligente que evoluciona y una estructura obsoleta que se limita a meterle tecnología cara (con IA, pero da igual) al mismo caos organizativo de siempre

Referencias y fuentes del artículo:

  1. World Economic Forum — Future of Jobs Report 2025. Identifica la IA, big data, alfabetización tecnológica, resiliencia, flexibilidad, curiosidad y aprendizaje permanente como capacidades críticas hacia 2030.

  2. OECD — Trends in Adult Learning, 2025. Analiza la participación de adultos en aprendizaje y la necesidad de mejorar accesibilidad y efectividad de la formación continua.

  3. Josh Bersin — Learning in the Flow of Work. Define el aprendizaje en el flujo de trabajo como aprendizaje contextual, disponible cuando se necesita e integrado en herramientas y procesos.

  4. European Commission / AI Act Service Desk — Artículo 4: AI Literacy. Establece la obligación de promover alfabetización suficiente en IA para personas que operan o usan sistemas de IA.

  5. McKinsey — Superagency in the workplace, 2025. Señala que casi todas las empresas invierten en IA, pero solo una minoría se considera madura en su adopción.

  6. LinkedIn Learning — Workplace Learning Report 2025. Conecta aprendizaje, desarrollo de carrera, movilidad y motivación de las personas para adquirir nuevas capacidades.




  Art 19/26. El Vaticano entra en el debate: la institución más antigua mira de frente a la tecnología más nueva Durante estos últimos años ...