Art 26/26. Más competencia, menos intimidad: la semana en que Europa se contradice. La semana pasada hablábamos de una criatura que empezaba a estar completa. Ya tiene cabeza para razonar. Tiene manos digitales —y cada vez más físicas— para intervenir en el mundo. Y empieza a mostrar capacidad para planificar, utilizar herramientas, coordinar tareas y actuar con una autonomía creciente. No tiene voluntad propia. Al menos, no en el sentido humano del término. No se levanta un lunes pensando que quiere conquistar el mundo, pedir un aumento de sueldo o mandar a su jefe a paseo. Pero sí tiene cada vez más capacidad para hacer cosas sin que tengamos que acompañarla clic a clic. Y eso cambia bastante el partido. Porque cuando una tecnología deja de limitarse a responder y empieza a actuar, ya no basta con preguntar si funciona. Hay que preguntarse dónde puede entrar, qué información puede utilizar, quién establece sus límites, qué riesgos puede generar y qué ocurrirá con las personas cuyo tr...